viernes, 24 de marzo de 2017

¿Qué significa interpretar el patrimonio? ¿Cómo lograrlo efectivamente?


         Imagen 1:  Luis Montero: Los funerales de Aythualpa. 1867. 350 x 537 cm. Óleo sobre tela. Museo de Arte de Lima. 



Nada podrá medir el poder que oculta una palabra. Contaremos sus letras, el tamaño
que ocupa en un papel, los fonemas que articulamos con cada sílaba, su ritmo,
tal vez averigüemos su edad; sin embargo, el espacio verdadero de las palabras,
el que contiene su capacidad de seducción, se desarrolla en los lugares más espirituales,
 etéreos y livianos del ser humano.
Alex Grijelmo

Solo el amor engendra la maravilla

Silvio Rodríguez


La interpretación del patrimonio es, para los Guías y profesionales vinculados al turismo, un hermoso desafío que supone lograr que el público visitante se sienta radicalmente involucrado con la experiencia de conocer un sitio o un objeto, y logre construir algo propio a través de esa experiencia, llevándose un conjunto de saberes significativos y emociones.
Para cumplirlo es preciso antes dejar de lado dos modelos o roles casi polares que se han venido ejerciendo entre los Guías durante mucho tiempo: el Guía instructor y el Guía divertido. El Guía instructor cree que su labor se centra en impartir conocimientos, pretende ser escuchado sin dar posibilidades de interacción al oyente y sin tomar en cuenta sus intereses. A pesar de ser un modelo que aún algunos museos tradicionales implantan y fortalecen, no es recomendable, pues el visitante no encontrará motivos para seguir el discurso. Recordemos que, como señala Morales “el público que está en su tiempo libre no está obligado a poner atención” (Arévalo y...15). Del otro lado de la misma moneda está el Guía que cree que su único fin es entretener a sus oyentes, esforzándose por ser divertido. Es cierto que es una opción que toma en cuenta al público, mas tampoco es absolutamente fiable porque la intención de entretener perdiendo de vista la interpretación, trivializa fatalmente el discurso simplificando hasta el absurdo los contenidos patrimoniales.  Es inaceptable[1].

¿Qué significa interpretar? ¿Cómo lograrlo efectivamente? En primer lugar, “La interpretación es una forma de comunicación basada en una misión, que tiene la finalidad de provocar en la audiencia el descubrimiento de significados personales sobre objetos, lugares, personas y conceptos, y forjar conexiones personales con ello” (Ham, 9) El Guía intérprete adapta y condiciona el guión a su público con el objetivo de que éste se lleve una experiencia significativa: el receptor debe sentir que esos saberes lo involucran, lo envuelven, lo tocan. Como consecuencia, el visitante debe, para decirlo en palabras de Tilden, “ceder ante la provocación” del proceso interpretativo y llevarse a partir de la experiencia, una inquietud, un deseo, una emoción.
Pues bien, un ejemplo concreto: si interpretamos el segmento dedicado al arte del siglo XIX  de la colección permanente del Museo de Arte de Lima, podemos elaborar un guión interpretativo de las obras desde diversos enfoques, y usar algunos o todos juntos en los recorridos. La historia del arte proporcionará el material principal, se puede explorar el lenguaje formal y el contexto de las obras; el tema reproducido y sus relaciones, el repertorio simbólico, el mundo del autor, entre otros. Si presentamos la pintura de Los funerales de Atahualpa[2] (Imagen 1)de Luis Montero ante receptores neófitos, probablemente saber del academicismo y sus rigores plásticos no les diga mucho; no obstante, podremos lograr que nuestro público se rinda ante su poderoso lenguaje enfatizando su carácter descriptivo. Si presentamos El entierro del mal cura, de Francisco Laso, (Imagen 2) se debe relacionar con la tradición del Manchaypuito, romántica historia de amor que seducirá a nuestro auditorio; en ambos casos dar relevancia al tema hará que nuestro público se lleve una experiencia emotiva.
Para interpretar eficazmente es necesario emplear dos recursos que consideramos insustituibles: primero, las palabras certeras. Algunos estudios sobre el tema, como el de Ham, proponen un listado de verbos que considera arraigados en el núcleo afectivo del público, y aconseja usarlos intencionalmente para causar el impacto deseado. Por ello es oportuno recordar el poder persuasivo y seductor de las palabras. Según la psicolingüística, las palabras trascienden al campo racional pues están arraigadas en el inconsciente, trasmiten una herencia cultural y están estrechamente  ligadas al campo afectivo, aprovechar esa latencia en el proceso interpretativo será crucial. Segundo, la mayor herramienta del intérprete es su propia convicción y su afecto hacia los objetos o sitios, pues las pasiones movilizan pasiones. Para enfatizar esta realidad Tilden echa mano de un ejemplo de un guardabosque que mientras guiaba “Infringía casi todas las reglas aceptadas como técnicas para tratar con un grupo. Me horrorizaba su abuso de la taxonomía en latín. Sin embargo, durante todo el caluroso y polvoriento viaje los cansados pies de los visitantes se mantenían junto a él, y comencé a entender el porqué. Era el amor. Este empleado temporal amaba con pasión todo el entorno que mostraba y describía; transmitía ese amor y lo traducía en comprensión. ” (76) No obstante los errores, el intérprete mantenía concentrado a su público porque evidenciaba, mediante la comunicación, las palabras y los gestos el profundo amor que lo unía al lugar. Aunque parezca no es vana retórica, si queremos persuadir al público visitante y convencerlo radicalmente de que un lugar o un objeto patrimoniales son únicos, insustituibles y acogedores, debemos antes estar convencidos de ello, y sólo el amor lo logra. La comunicación del patrimonio será siempre, en esencia,  una comunicación de afectos.










Imagen 2: Francisco Laso: El entierro del mal cura o el Manchaypuito. Ca 1860. 1868. 71 x  328cm. Óleo sobre tela. 
Museo de Arte de Lima. 



Referencias:

Arévalo, María; Mendoza, Marhta y Umbral María (2011). “La interpretación del patrimonio, una herramienta para el profesional del turismo”. En El Periplo Sustentable, Universidad Autónoma del Estado de México, 20, enero –junio, pp. 9.30. Revisado en la Red, 5 de marzo de 2017. http://www.redalyc.org/pdf/1934/193417856002.pdf

Ham, Sam H. (2014). Interpretación. Para marcar la diferencia intencionadamente. Asociación para la interpretación del patrimonio.

Tilden, Freeman (2015). La interpretación de nuestro patrimonio. Carolina del Norte: University of North Carolina Press y Asociación para la interpretación del Patrimonio, 2015.



[1] Las nuevas generaciones son nuestra esperanza, pues entienden que, mucho esfuerzo mediante, lograrán ser Guías Intérpretes. Ante la pregunta de por qué quiere ser Guía, un alumno que tiene cierta experiencia en el campo, sostuvo que su decisión responde a que cuando guía se siente satisfecho y estimulado al lograr expresiones de asombro y agradecimiento en los rostros de sus visitantes. Esa capacidad para salir de sí y centrarse en el receptor es lo imprescindible. Las nuevas generaciones son nuestra esperanza.
[2] En siguientes artículos haremos un detallado ejercicio interpretativo de esta pintura. Su historia y sus dimensiones físicas son impactantes por sí mismas.

2 comentarios:

  1. Muy claro, amor a lo que se muestra, uso de palabras sencillas, pero sobre todo , tratar de comunicarse con el público.

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