Imagen 1: Luis Montero: Los funerales de Aythualpa. 1867. 350 x 537 cm. Óleo sobre tela. Museo de Arte de Lima.
Nada podrá medir el poder que oculta una palabra. Contaremos sus letras, el tamaño
que ocupa en un papel, los fonemas que articulamos con cada sílaba, su ritmo,
tal vez averigüemos su edad; sin embargo, el espacio verdadero de las palabras,
el que contiene su capacidad de seducción, se desarrolla en los lugares más espirituales,
etéreos y livianos del ser humano.
Alex Grijelmo
Solo el amor engendra la maravilla
Silvio Rodríguez
La interpretación del patrimonio
es, para los Guías y profesionales vinculados al turismo, un hermoso desafío
que supone lograr que el público visitante se sienta radicalmente involucrado
con la experiencia de conocer un sitio o un objeto, y logre construir algo
propio a través de esa experiencia, llevándose
un conjunto de saberes significativos y emociones.
Para cumplirlo es preciso antes dejar
de lado dos modelos o roles casi polares que se han venido ejerciendo entre los
Guías durante mucho tiempo: el Guía
instructor y el Guía divertido.
El Guía instructor cree que su labor
se centra en impartir conocimientos, pretende ser escuchado sin dar
posibilidades de interacción al oyente y sin tomar en cuenta sus intereses. A
pesar de ser un modelo que aún algunos museos tradicionales implantan y
fortalecen, no es recomendable, pues el visitante no encontrará motivos para seguir
el discurso. Recordemos que, como señala Morales “el público que está en su
tiempo libre no está obligado a poner atención” (Arévalo y...15). Del otro lado
de la misma moneda está el Guía que cree
que su único fin es entretener a sus
oyentes, esforzándose por ser divertido.
Es cierto que es una opción que toma en cuenta al público, mas tampoco es absolutamente
fiable porque la intención de entretener perdiendo
de vista la interpretación, trivializa fatalmente
el discurso simplificando hasta el absurdo los contenidos patrimoniales. Es inaceptable[1].
¿Qué significa interpretar?
¿Cómo lograrlo efectivamente? En primer lugar, “La interpretación es una forma
de comunicación basada en una misión, que tiene la finalidad de provocar en la
audiencia el descubrimiento de significados personales sobre objetos, lugares,
personas y conceptos, y forjar conexiones personales con ello” (Ham, 9) El Guía
intérprete adapta y condiciona el guión a su público con el objetivo de que
éste se lleve una experiencia significativa: el receptor debe sentir que esos
saberes lo involucran, lo envuelven, lo tocan. Como consecuencia, el visitante
debe, —para decirlo en palabras de Tilden,— “ceder ante la provocación” del proceso interpretativo y llevarse a
partir de la experiencia, una inquietud, un deseo, una emoción.
Pues bien, un ejemplo concreto: si
interpretamos el segmento dedicado al arte del siglo XIX de la colección permanente del Museo de Arte
de Lima, podemos elaborar un guión interpretativo de las obras desde diversos
enfoques, y usar algunos o todos juntos en los recorridos. La historia del arte
proporcionará el material principal, se puede explorar el lenguaje formal y el
contexto de las obras; el tema reproducido y
sus relaciones, el repertorio simbólico, el mundo del autor, entre otros. Si presentamos la pintura de Los funerales de Atahualpa[2] (Imagen 1)de Luis Montero ante receptores neófitos, probablemente saber del academicismo
y sus rigores plásticos no les diga mucho; no obstante, podremos lograr que
nuestro público se rinda ante su poderoso lenguaje enfatizando su carácter
descriptivo. Si presentamos El entierro
del mal cura, de Francisco Laso, (Imagen 2) se debe relacionar con la tradición del Manchaypuito, romántica historia de
amor que seducirá a nuestro auditorio; en ambos casos dar relevancia al tema hará que nuestro público se lleve
una experiencia emotiva.
Para interpretar eficazmente es necesario
emplear dos recursos que consideramos insustituibles: primero, las palabras certeras. Algunos estudios
sobre el tema, como el de Ham, proponen un listado de verbos que considera arraigados
en el núcleo afectivo del público, y aconseja usarlos intencionalmente para causar
el impacto deseado. Por ello es oportuno recordar el poder persuasivo y seductor de las palabras. Según la
psicolingüística, las palabras trascienden al campo racional pues están arraigadas
en el inconsciente, trasmiten una herencia cultural y están estrechamente ligadas al campo afectivo, aprovechar esa latencia
en el proceso interpretativo será crucial. Segundo, la mayor herramienta del
intérprete es su propia convicción y su afecto hacia los objetos o sitios, pues
las pasiones movilizan pasiones. Para enfatizar esta realidad Tilden echa mano
de un ejemplo de un guardabosque que mientras guiaba “Infringía casi todas las
reglas aceptadas como técnicas para tratar con un grupo. Me horrorizaba su
abuso de la taxonomía en latín. Sin embargo, durante todo el caluroso y
polvoriento viaje los cansados pies de los visitantes se mantenían junto a él,
y comencé a entender el porqué. Era el
amor. Este empleado temporal amaba
con pasión todo el entorno que mostraba y describía; transmitía ese amor y lo traducía en comprensión. ” (76) No
obstante los errores, el intérprete mantenía concentrado a su público porque evidenciaba, mediante la comunicación, las
palabras y los gestos el profundo amor que lo unía al lugar. Aunque parezca no es
vana retórica, si queremos persuadir al público visitante y convencerlo
radicalmente de que un lugar o un objeto patrimoniales son únicos,
insustituibles y acogedores, debemos antes estar convencidos de ello, y sólo el
amor lo logra. La comunicación del patrimonio será siempre, en esencia, una comunicación de afectos.
Imagen 2: Francisco Laso: El entierro del mal cura o el Manchaypuito. Ca 1860. 1868. 71 x 328cm. Óleo sobre tela.
Museo de Arte de Lima.
Referencias:
Arévalo, María; Mendoza, Marhta y Umbral María (2011). “La
interpretación del patrimonio, una herramienta para el profesional del turismo”.
En El Periplo Sustentable, Universidad Autónoma del
Estado de México, 20, enero –junio, pp. 9.30. Revisado en la Red, 5 de marzo de
2017. http://www.redalyc.org/pdf/1934/193417856002.pdf
Ham, Sam H. (2014). Interpretación.
Para marcar la diferencia intencionadamente. Asociación para la
interpretación del patrimonio.
Tilden, Freeman (2015). La interpretación de nuestro patrimonio.
Carolina del Norte: University of North Carolina Press y Asociación para la
interpretación del Patrimonio, 2015.
[1]
Las nuevas generaciones son nuestra esperanza, pues entienden que, mucho esfuerzo mediante, lograrán ser Guías Intérpretes. Ante la pregunta de por qué quiere ser
Guía, un alumno que tiene cierta
experiencia en el campo, sostuvo que su decisión responde a que cuando guía se siente satisfecho y
estimulado al lograr expresiones de asombro y agradecimiento en los
rostros de sus visitantes. Esa capacidad para salir de sí y centrarse en el receptor
es lo imprescindible. Las nuevas generaciones son nuestra esperanza.
[2]
En siguientes artículos
haremos un detallado ejercicio interpretativo de esta pintura. Su historia y sus
dimensiones físicas son impactantes por sí mismas.



