sábado, 22 de julio de 2017

¿De qué hablamos cuando hablamos de guiar?

                                                              “La imaginación es más importante que el conocimiento”
(A.    Einstein)

“El guía dice su nombre, le cuenta que recorrerán la ciudad y arrancan. De  ahí en más, se suceden expresiones reiterativas de este tipo: “a su derecha, pueden observar...., “a su izquierda, tienen....”, “allí, adelante, miren...”. Se multiplican una y otra vez esas expresiones, acompañadas por imágenes de  edificios, templos, parques, sitios históricos y mucha, mucha información. (...)El guía se despide ante un público que tiene un cócktel de fechas, personajes y lugares, algo de cansancio, ganas de llegar a su habitación del hotel y la sensación de haber cumplido con una obligación cultural”
                                                                                           (C. Bertonatti)

Un post publicado en una reconocida red social[1] me permitió hace un tiempo reflexionar sobre las implicancias de la praxis y las estrategias discursivas del Guía de turismo. En él se planteaba una opinión rotunda y desaprobatoria sobre el desempeño de un Guía que, mientras recorría el centro de Lima ―específicamente el pasaje Santa Rosa― con su público, explicaba las prácticas ancestrales y sagradas del Perú antiguo, como el consumo del san pedro y la ayahuasca[2]. Según el post, la razón de la desaprobación consistía en que por el lugar y la audiencia, —turistas extranjeros, — el guión era incoherente e inapropiado, pues desaprovechaba el sitio transitado.








El pasaje Santa Rosa está en el centro histórico de la ciudad de Lima, dispuesto entre la Plaza Mayor y el jirón Camaná, corta en eje una de las manzanas de la plaza más importante de la ciudad: está en el centro del centro. Está rodeado de arquitectura muy tradicional limeña que, si bien no es virreinal, evoca esta época claramente con las arquerías hacia los lados que complementan los portales, los arcos de medio punto, las farolas y fanales, sumados al protagonismo de los balcones[3]. Lo más notable del pasaje es un monumento central, una gran piedra o huanca dedicada a la memoria de Taulichusco, último gobernante de la ocupación prehispánica de Lima. Pieza que sugiere el pasado milenario de la ciudad que en el sitio ya no es tangible ni evidente, y que, sin embargo, está presente en su traza y en su índole.



Sabemos que un guiado convencional es estricta y escrupulosamente descriptivo, cada lugar, sitio, objeto o detalle es descrito en sus caracteres más generales, y en algunos casos, en los específicos. Inclusive, algunos profesionales del guiado pretenden no dejar nada por decir, saturando a los oyentes con detalles que son evidentes, es decir, que ya conocen sin necesidad de mediadores, bien por su obviedad, bien por formación. No obstante, ¿no es válido que un guía, mientras trabaja en un espacio, aluda a otras instancias, lugares o prácticas? ¿se puede deslegitimar una praxis creativa que decide evocar para el público tiempos y saberes alternos? ¿No es pertinente relatar nada que no se evidencie de modo concreto en el recorrido? ¿de qué hablamos cuando hablamos de guiar?

No hay una respuesta única ni concluyente frente a estas preguntas, sin embargo, sugerimos atender a uno de los pilares de la interpretación del patrimonio: la creatividad en los guiados para lograr hacerlos más atrayentes y efectivos, desde luego, sin llegar al extremo del recurso pirotécnico o trivial. Pensamos que, por tanto, se precisan Guías dispuestos a abandonar las descripciones puntuales para estructurar un discurso más fino y original, que revele un trabajo más cuidadoso y permeable con las necesidades del público; un guiado más atractivo y desafiante, que permita y dé horizonte a la interpretación. Necesitamos Guías que estén dispuestos a contar aquello que está reducido, lo que está oculto en los márgenes, que no es evidente pero que a la vez está ahí, esperando ser enunciado.
A propósito del caso citado, el guiado en el pasaje Santa Rosa, pensamos que la relación entre la huanca central y el periodo del Antiguo Perú ha sido la motivación para explorar otras prácitcas de la época. Pensamos que esa exploración es absolutamente legítima porque cuando hablamos de guiar hablamos de una práctica creativa, que no debiera satisfacerse sólo con nombrar y describir, sino operar sobre los sitios y objetos de manera que la comunicación evoque, reconstruya y permita que el visitante cree vínculos afectivos con aquello que se presenta. La huanca del pasaje Santa Rosa es un monumento a un pasado limeño, ― nos referimos al centro de la ciudad― que ha perdido, desafortunadamente, casi todas sus evidencias materiales, y que por ello debe ser expresado para completar su esencia. 

Por último, creemos que no solo es válido que cada Guía determine su propio guión, sino que también es necesario. Desde este espacio apostamos por las interpretaciones originales que se esfuercen por revelar lo que está latente. Que traten de estimular la imaginación de sus oyentes y de mantener el entusiasmo por el descubrimiento. el seductor juego entre lo que se dice y lo que no se puede llegar a decir, pero sí comunicar.





[1] La red social aludida es Facebook, no hacemos mención del post original, ni de su autor, ni del Guía aludido porque no es necesario a nuestros fines.
[2] Tanto uno como otro tienen efectos alucinógenos y eran usados para comunicarse con los dioses. El consumo de estos productos ha quedado registrado en las obras de los peruanos antiguos, en las tallas y modelados, sin dejar duda de su sentido sagrado y religioso.
[3] Son edificaciones importantes tanto por su imponente arquitectura como por las instituciones que las ocupan: la Municipalidad de Lima y el club de La Unión.






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