Una perspectiva transversal
“La perfecta visita guiada no
se basa en saber, sino en pensar.”
Sara Manzanares
Rubio
“Si se ama el objeto que se
interpreta y se ama a las personas que vienen a disfrutar del mismo, no es
necesario aprender nada de memoria. Si se ama el objeto, no solo se han
tomado las molestias para comprenderlo hasta los límites de la capacidad
propia, sino que, además, se puede extraer su especial belleza de
entre la riqueza general propia de la belleza de la vida. ”
Freeman Tilden
Todos, o casi
todos, hemos quedado agradecidos al menos una vez, al ser guiados por un sitio
monumental o natural, al sentirnos estimulados, impactados y hasta sobrecogidos
por nuestro guía. Las resonancias de esa experiencia permanecerán toda la vida.
Ese propósito debiera orientar el quehacer cotidiano del Guía: estimular,
inquietar, sorprender al auditorio. ¿Qué circunstancias son determinantes para
que la experiencia de un recorrido sea inolvidable? A través de ésta y las
siguientes publicaciones advertiremos y reflexionaremos sobre múltiples
aspectos que creemos útiles para lograrlo, pues pensamos que la práctica de un
buen guiado debiera estar sometida a la continua evaluación de sus fines, a una
reveladora discusión sobre sus métodos, a una saludable y permanente
revisión.
¿Qué significa ser
Guía y cómo se define su vocación? ¿Qué herramientas debe poseer para concretar
un buen desempeño? Y, sobre todo, en la actualidad con múltiples accesos a la
información, ¿qué condiciones consolidan su labor y la hacen insustituible?
Éstas serán, entre otras preguntas, el punto de partida para nuestras
reflexiones, que estarán dirigidas y dedicadas especialmente a los
Guías, —cicerones, intérpretes y comunicadores del patrimonio— a los
especialistas en turismo, y a su público. Nuestras propuestas, no tienen el
ánimo de ser concluyentes, sino el de
abrir la discusión que permita llegar a mejores horizontes. Así mismo, deseamos centrar nuestra atención en evidenciar las
expectativas frente al trabajo del Guía, es decir, advertir qué espera el público, las
instituciones y sobre todo, qué espera la sociedad y cómo se beneficia con su
tarea.
Un Guía es una persona especializada en interpretar el patrimonio, es el
puente o el vínculo entre el patrimonio y el público, de ahí su rol
imprescindible. Para hacerlo, deberá elaborar un guión que busque comunicar su
esencia[i]. Tiene que, como señala Tilden, revelar el alma
de las cosas (76). Sin embargo, se ha confundido Guiar con describir o reseñar monumentos
en un recorrido, de manera mecánica y rutinaria, con un guión fosilizado que no
le dice nada a nadie. No, la función primordial del Guía es interpretar
los valores patrimoniales con creatividad, compromiso y afecto. Cumplir
con esta función primordial es un desafío ineludible para todo buen Guía.
Para formarse como Guía es
necesario tener vocación por conocer, —esa saludable curiosidad y asombro
frente a todo— que implica tener una indispensable inquietud y disposición para
conocer: cuestionarse, preguntarse, emprender una búsqueda permanente. Unida a
ello, debiera de haber una férrea voluntad de investigar y permanecer pendiente
de nuevos estudios que enriquezcan, complementen o permitan nuevas perspectivas
del patrimonio; por último, resulta indispensable asimilar y analizar;
integrar, relacionar y consolidar lo que se conoce, para crear puentes entre
ese conocimiento y el público, es decir, interpretar. Es preciso recordar, no
obstante, que el objetivo principal de la interpretación del patrimonio es la
provocación[ii]
y no la instrucción, (Tilden, 67) por lo tanto será preciso extraer la
información más certera que los receptores requieran.
A continuación, se precisa una
acción clave: saber comunicar. Y comunicar no solo significa usar la palabra, también es el énfasis y la
modulación de la voz, el gesto corporal, la expresión facial. Porque las
estrategias comunicativas —verbales o no verbales—de un Guía, fortalecerán o
perjudicarán radicalmente su trabajo. Desde luego, elaborar el discurso o guión
es esencial; por lo tanto, y para concretar una comunicación óptima, debiera
prepararse y estructurarse con esmero, y dirigirse a las condiciones del
auditorio y anclarse en sus intereses; debiera estar centrado en comunicar
saberes significativos, adecuados a las expectativas y experiencias de los
receptores.
Por último, y no menos
importante: un Guía intérprete debe sentir entusiasmo y pasión por guiar, una
pasión que implica tener un compromiso afectivo con el bien y su comunicación, cualquiera
que sea. Un Guía Intérprete debe sentir amor por el patrimonio, por el objeto, esa
movilización de emociones será clave para su logro comunicativo. No se trata de
una propuesta retórica, es más bien una
sugerencia desafiante: exponer el núcleo del campo afectivo al público será
siempre un reto, es exponer-se, pero es imprescindible, hay que entender que
antes que nada la comunicación del
patrimonio es una comunicación de afectos.
Referencias:
Manzanares Rubio, Sara. “¿Las
visitas guiadas matan la creatividad?”
Revisado en la red, el 12 de
diciembre de 2016. https://museogogreen.com/2012/06/25/las-visitas-guiadas-matan-la-creatividad/
Memdoza Ontiveros, Martha; Umbral
Martínez, María Elena y Arévalo Moreno, Marla. “La interpretación del
patrimonio, una herramienta para el profesional en turismo. “ En El periplo sustentable, N 20, UNAM,
Junio, 2011. Revisado en la red, el 12 de diciembre de 2016.
Tilden, Freeman. La interpretación de nuestro patrimonio.
Carolina del Norte: University of North Carolina Press y Asociación para la
interpretación del Patrimonio, 2015.
[i]
Entendemos por La esencia del patrimonio a un conjunto de saberes
imprescindibles para su comprensión. Se trata de nociones cuya complejidad no
está relacionada con un saber o una praxis exclusivamente académica sino
también de carácter emocional.
[ii]
La provocación, siguiendo
a Tilden, tiene que ver con las habilidades que desarrolle el intérprete del
patrimonio para sembrar en su público una serie de sensaciones que lo lleven al
deseo de conocer y relacionar, agregamos que también la provocación
significaría la incorporación del patrimonio: hacerlo suyo, en tanto
identificación y sensibilización con los mecanismos para su protección. Es
preciso puntualizar la importante relación entre patrimonio e identidad.
Plaza de Santa Ana en los Barrios Altos, Lima, Perú.
Fotografía: Pablo Solórzano.

